La Sociedad Civil en #Cuba, manipulaciones y mentiras (1)

Bandera Cubana
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En cuatro artículos abordamos en este blog el surgimiento y desarrollo del concepto sociedad civil.

En esta ocasión trataremos específicamente la sociedad civil cubana con un artículo del Doctor en C. Hist. Prof. Titular. Elvis R. Rodríguez Rodríguez, Asp. Dr. Prof. Asistente. Manuel Lester-Hanson Roché, Profesor Auxiliar. Humberto Valdés Gutiérrez, titulado La Sociedad Civil en Cuba: la manipulación por parte del gobierno de EE.UU.

El trabajo no pretende agotar el análisis y el debate que sobre tan importante y actual tema se desarrolla, no sólo en el ámbito académico, sino en el terreno de la lucha ideológica, en el campo del enfrentamiento ideológico entre el imperialismo norteamericano en su afán por destruir nuestro sistema político y la Revolución Cubana como obra mayor, de seguridad, esperanza y posibilidad alcanzable para muchos pueblos. Este es un tema inagotable, tanto por su contenido como por la diversidad de enfoques y posiciones teóricas. Por ello, el objetivo del artículo consiste en hacer una aproximación, tratando de organizar y sistematizar, con cierta lógica, coherencia y carácter histórico, el tratamiento que al mismo se le ha dado a través de la historia del pensamiento social y, de igual modo, estimular al lector en su preparación teórica, política e ideológica para ocupar una posición de firmeza y defensa de los principios de nuestra Revolución en la actúala Batalla de Ideas.

Como se expresó en el trabajo anterior y como explicó Carlos Marx, “La sociedad civil abarca toda la vida comercial e industrial de una fase y, en este sentido, trasciende de los límites del estado y de la nación, si bien, por otra parte, tiene necesariamente que hacerse valer al exterior como nacionalidad, y vista hacia el interior como Estado”

En efecto los individuos, familias, grupos, capas, clases, que conforman toda sociedad desde que desapareció la comunidad tribal primitiva, no están sueltos, al libre albedrío y, por consiguiente, requieren organizarse dentro del Estado. La forma de organización de estos elementos en torno a este, es lo que aporta el sello distintivo, lo particular, lo singular de cada sociedad; principios de organización a los que la nuestra no es ajena. Eso es lo que hace que la sociedad cubana sea diferente a la norteamericana, y que, por tanto, a tenor con esto, y como el propio Marx y su discípulo Antonio Gramsci, dijeron que cada Estado tiene su propia sociedad civil, podamos afirmar que existen tanto la sociedad civil cubana como la sociedad civil norteamericana con sus particularidades y su esencia clasista.

Ahora bien, ¿Cómo definir nuestra sociedad civil, cuál es su esencia, qué tipo de relaciones se establecen entre esta y nuestro Estado?

En correspondencia con su carácter clasista, la sociedad civil en Cuba es, socialista y expresa la esencia de nuestro sistema político.

Como ya se venía abordando en el sistema de las escuelas del Partido y se reafirmó en el V Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba – la sociedad civil cubana es la que componen “(…) nuestras potentes organizaciones de masas (CTC, CDR, FMC, ANAP, FEU, FEEM e incluso los pioneros ), las sociales , que como es sabido agrupan entre otros a los combatientes de la Revolución, a economistas, juristas, periodistas, artistas y escritores, etc., así como otras ONGs que actúan dentro de la legalidad y no pretenden socavar el sistema económico, político y social libremente escogido por nuestro pueblo, a la vez que aún cuando tienen su personalidad propia e incluso su lenguaje específico, junto al Estado revolucionario persiguen el objetivo común de construir el socialismo”.

Tal enfoque requiere no olvidar que estas organizaciones tienen funciones definidas y constituyen a su vez, estructuras que actúan de forma diferente al Gobierno, como órgano ejecutivo del Estado.

Como se señala en la Declaración de las Organizaciones Cubanas participantes en el Encuentro La Sociedad Civil en Defensa de la Soberanía y los Derechos Humanos en Cuba: “La sociedad civil cubana es hoy, parte indisoluble de la Nación, actúa en la conformación y enriquecimiento continuos de la identidad nacional y los valores patrios, participa plenamente en los procesos de desarrollo de nuestra entidad cultural, defiende los más sólidos principios e intereses de la Revolución y es, en su esencia, reflejo y encarnación de la espiritualidad de nuestro pueblo”.

La expresión de nuestra sociedad civil son las ONGs, que como señala el compañero Raúl Valdés Vivó, se diferencian de las de otros países en que ellas son actores reales con cuya opinión y acción cuenta el Estado revolucionario para existir y llevar a cabo todo cuanto hace.

Las Organizaciones No Gubernamentales en Cuba, en su condición de ser asociaciones de la sociedad socialista cubana en la que la población se agrupa por sus afinidades e intereses, ocupan un lugar de elevada significación en la vida sociopolítica. Ellas forman parte del debate político ideológico actual y con su consenso se aplican las principales decisiones gubernamentales.

A nadie queda dudas que estas organizaciones tienen estructuras y tareas diferentes a las del Estado para su mejor funcionamiento y cumplimiento de sus objetivos estatuarios, pero que a su vez, coinciden estratégicamente con el Estado cubano en la necesidad de mantener la independencia, la soberanía, la identidad cultural y el socialismo.

En el enfrentamiento ideológico con el imperio en el debate en torno a la sociedad civil y su lugar y papel en el sistema político cubano, así como la importancia y actualidad del tema, condujo a nuestro Partido a desarrollar el concepto de sociedad civil socialista cubana, tal como la entendemos, como se ha de corresponder con el momento histórico y con la esencia de nuestro sistema socialista. De este modo, por primera vez, a la luz pública, se emplea el concepto de sociedad civil socialista por un partido comunista en el poder, que lo incluye como herramienta e instrumento de análisis, debate y proyección estratégica y legitima la existencia de la sociedad civil en Cuba a partir de nuestras posiciones y de nuestros fundamentos teóricos y principios revolucionarios, de nuestra experiencia y de los retos que impone la construcción del socialismo en el país.

El socialismo, en las condiciones de un mundo unipolar y hegemónico, como nunca antes, necesita de un Estado fuerte, eficiente y capaz y, a su vez, de una sociedad civil fuerte, eficiente y capaz también, no como contrarios ni fuerza opositora, sino como instituciones independientes con funciones propias y de reconocimiento mutuo, sobre la base del respeto y la comprensión de las funciones de cada uno y la actividad común en interés del mismo proyecto.

La sociedad civil socialista cubana se distingue por su carácter genuino y autóctono, por su fortaleza y apoyo a las ideas y proyectos de la Revolución, con capacidad para desarrollar y fomentar relaciones activas, creativas y de mutua comprensión.

El proceso de transformaciones revolucionarias emprendido por el pueblo cubano desde su propio triunfo en el año 1959, potenció una sólida, amplia representativa y pujante participación ciudadana. Precisamente por eso, al valorar nuestra realidad hay que partir de que se trata de una sociedad civil fuerte, formada, en lo fundamental, al calor de las transformaciones revolucionarias surgidas desde el principio mismo de la Revolución y de la aguda lucha ideológica contra el imperialismo en su afán por destruir la Revolución Cubana desde sus inicios, fortalecida hoy en el marco de la Batalla de Ideas, como actores sociales directos, con un elevado protagonismo en la vida político ideológica del país, en la educación y movilización de las masas, en la defensa de la soberanía e independencia nacionales, comprometidas en la continuidad de la obra de la Revolución y del socialismo como sistema político.

La presente sociedad civil socialista cubana garantiza las vías de participación directa de todos los cubanos en el debate, presentación de propuestas y adopción de decisiones sobre todos los asuntos que atañen a nuestra nación.

En su empeño por superar la escisión entre Estado y sociedad civil, como rasgo esencial de una sociedad que abandona el capitalismo, según Marx, tiene la Revolución Cubana una vasta y rica experiencia, sin desconocer las complejidades, contradicciones, amenazas y retos que nos depara la construcción del socialismo como camino a lo ignoto.

Al sistema político cubano, a su genuina y auténtica sociedad civil socialista, le quieren oponer la “sociedad civil capitalista” que intenta crear en el país el gobierno de los Estados Unidos. Sociedad civil importada, financiada y manipulada por el gobierno norteamericano y la mafia ultraderechista de Miami, compuesta por mercenarios y grupúsculos minoritarios contrarios al proyecto de justicia social, participativo y antiimperialista que desarrolla la Revolución Cubana, carentes de principios y de fuerza moral, a los que el imperialismo norteamericano, dedica gran atención y recursos de todo tipo.

Muestra fehaciente de ello constituyen los Programas de Santa Fe I y II, el Carril II de la Ley Torricelli, la Ley Helms – Burton y otras medidas encaminadas a desestabilizar el régimen político libremente elegido por nuestro pueblo y confirmado en los procesos eleccionarios realizados durante el proceso revolucionario. Este aspecto se reitera en las nuevas medidas anunciadas el 6 de mayo de 2004 por el gobierno de los Estados Unidos y en otras con posterioridad a esa fecha, en interés de recrudecer aún más su política agresiva y hostil contra Cuba, al destacar, entre otras medidas, la siguiente:

‘’Disponer de 59 millones de dólares en los próximos 2 años para financiar las acciones dirigidas a la destrucción de la Revolución. Este dinero sería utilizado, entre otros propósitos, para: “(…) Crear un fondo internacional para el desarrollo de la ‘’sociedad civil’’ en Cuba, que atraiga a personal ‘’voluntario’’ de terceros países para que viajen a nuestro país y ofrezcan ayuda a los mercenarios a su servicio en Cuba. En la práctica, es la organización de un cuerpo de mensajeros para suministrar apoyo financiero y logístico a la contrarrevolución’’.

Para el pueblo cubano está claro que “los grupúsculos contrarrevolucionarios, como vulgares mercenarios del Imperio ni son organizaciones no gubernamentales, ni forman parte de la sociedad civil socialista cubana, la cual ellos quieren destruir junto a su amo imperial. Se debe ser ingenuo para creerle una sola palabra a los mercenarios y sus amos cuando hablan de ‘’desarrollar la sociedad civil en Cuba’’, ya que como se plantea en la citada Declaración de las Organizaciones Cubanas participantes en el Encuentro La Sociedad Civil en Defensa de la Soberanía y los Derechos Humanos en Cuba, la sociedad civil cubana: ‘’ (…) no es mercenaria ni actúa a sueldo de potencias extranjeras contra los intereses de la Patria; no ha sido fabricada ni importada para ser cómplices de los que agraden a su pueblo. El gobierno de Estados Unidos – un gobierno extranjero que se arroga el derecho de intervenir en nuestros asuntos internos- está totalmente incapacitado para establecer criterios acerca de la validez de nuestra sociedad civil”.

La presencia permanente del gobierno norteamericano en interés de quebrantar la unidad y resquebrajar las fuerzas revolucionarias es un factor que no puede soslayarse durante el estudio de la dinámica interna de nuestra sociedad civil y su papel activo en la sociedad cubana, como elemento consustancial de nuestro sistema político. De igual modo, en un mundo cada vez más caracterizado por la globalización neoliberal, la sociedad civil cubana no está al margen de la sociedad civil de cada país, ni es desconocida por ellos, aspecto que presupone, de hecho, el intercambio, el flujo permanente de información, el diálogo y el contacto permanente. Ante esta realidad Cuba tiene que enfrentar al imperio, desenmascararlo y desarticular sus propósitos. Cualquier error en este frente sería desastroso para el futuro de la Revolución y del socialismo en nuestro país. Cabe recordar las palabras del compañero Fidel en fecha tan temprana como junio de 1961, cuando en su conocida intervención, Palabras a los intelectuales, expresó “(…) dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”.

En particular, dada la importancia que tienen las organizaciones de masas y sociales en la vida del país, en la Constitución de la República de Cuba, se plantea que “El Estado socialista cubano reconoce y estimula a las organizaciones de masas y sociales, surgidas en el proceso histórico de las luchas de nuestro pueblo, que agrupan en su seno a distintos sectores de la población, representan sus intereses específicos y los incorporan a las tareas de la edificación, consolidación y defensa de la sociedad socialista”.

A su vez, en nuestra Constitución se refrenda que, “Los derechos de reunión, manifestación y asociación son ejercidos por los trabajadores, manuales e intelectuales, los campesinos, las mujeres, los estudiantes y demás sectores del pueblo trabajador, para lo cual disponen de los medios necesarios a tales fines. Las organizaciones de masas y sociales disponen de todas las facilidades para el desenvolvimiento de dichas actividades en las que sus miembros gozan de la más amplia libertad de palabra y opinión, basadas en el derecho irrestricto a la iniciativa y a la crítica”.

Por su amplia membresía, representatividad y capacidad de movilización, el sistema político cubano garantiza a estas organizaciones no gubernamentales amplios poderes y capacidad propositiva, de consulta y opinión, e incluso de decisión, en el ejercicio de la democracia participativa instituida por el orden constitucional vigente. Ellas actúan en estrecha coordinación con las organizaciones de masas y sociales y tienen reconocidas constitucionalmente su capacidad de iniciativa legislativa.

Un ejemplo palpable del lugar de las organizaciones de masas y sociales en nuestro país se aprecia en la Reforma Constitucional que tuvo lugar en el año 2002, promovida por la solicitud, precisamente, de varias organizaciones sociales y de masas, que declaró el carácter irrevocable del sistema político y social socialista, prohibiendo negociar acuerdos bajo agresión, amenaza, o coerción de una potencia extranjera.

Otro ejemplo de cómo actúa el Estado y la sociedad civil en Cuba, se aprecia en el modo en que las comisiones proponen los candidatos a integrar las asambleas provinciales así como la Asamblea Nacional del Poder Popular, en virtud del Artículo 68 de la Ley Electoral, donde se refrenda que “Las comisiones de candidaturas se integran por representantes de la Central de Trabajadores de Cuba, los Comités de Defensa de la Revolución, de la Federación de Mujeres Cubanas, de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, de la Federación Estudiantil Universitaria y de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media, designados por las direcciones nacionales, provinciales y municipales respectivas a solicitud de las Comisiones Electorales Nacional, Provinciales y Municipales, —tanta fuerza se le concede a este aspecto que en el mismo artículo se precisa que— “En el caso de que una de las organizaciones de masas carezca de representación en algún municipio se designará un representante por la dirección provincial correspondiente”. Precisamente, este constituye otra de las diferencias de nuestro sistema electoral respecto al sistema electoral capitalista, donde el dinero es lo que determina en manos de quien se asentará el poder sin tener en cuenta los intereses de las grandes masas de la población.

En la actualidad, en Cuba existen más de 2 200 organizaciones, entre las que se destacan, las propias organizaciones sociales y de masas, u otras organizaciones o asociaciones con una membresía, por lo general pequeña tales como, científicas o técnicas, culturales y artísticas, deportivas, de amistad y solidaridad y cualesquiera otras que funcionan en virtud de lo establecido por la Ley 54, (Ley de Asociaciones).[13] y su Reglamento, que establece los requisitos para su creación, registro y funcionamiento.

Las restricciones planteadas al registro de organizaciones no gubernamentales en Cuba son las mismas que existen en la mayoría de los países del mundo, entre ellas:

Tener un fin no lucrativo.

Sus finanzas deben ser transparentes y estar disponibles a la auditoria de la entidad gubernamental de vínculo.

Tener un número mínimo de 30 miembros.

Sus actividades no deben resultar lesivas al bienestar público o al de otros individuos y entidades privadas.

Respetar el orden constitucional y la legalidad.

No oponerse a los principios de humanismo, independencia, solidaridad, no discriminación, equidad y justicia social que rigen a la sociedad cubana.

Del mismo modo, existen algunos requisitos esenciales que se han de tener en cuenta para la integración de todas las organizaciones de la sociedad civil cubana, incluidas las sociales y de masas, como son la afiliación voluntaria de sus miembros y la existencia de normas democráticas en su estructura y funcionamiento. Tales principios exigen que sus dirigentes, independientemente de la instancia de que se trate, están sujetos a elección, que para tomar las decisiones sobre cualquier cuestión de interés para la organización se celebran reuniones de afiliados periódicamente, previstas en sus estatutos y que van desde la celebración periódica, cada 4 o 5 años, de asambleas de sus miembros en los niveles de base, municipal y provincial hasta los congresos, a nivel nacional, donde se realiza la elección democrática por voto directo y secreto de sus dirigentes, la rendición de cuenta de éstos y la evaluación del trabajo de la organización en el período de mandato precedente, así como la discusión, formulación y aprobación de sus programas, tareas y planes de acción para el periodo siguiente.

En el Informe complementario que Cuba presentó como documento oficial al 59 Período de Sesiones de la CDH, bien claro se define que: “Los requisitos y la información para el registro legal y el escrutinio de las organizaciones no gubernamentales cubanas son coherentes con los que exige el Comité de Organizaciones No Gubernamentales del ECOSOC, en virtud de la Resolución 1996/31 del Consejo, para el otorgamiento de la entidad consultiva y el seguimiento de las actividades de las ONGs”.

En el citado documento se señala, además, que en Cuba existen varias organizaciones no gubernamentales con categoría consultiva y que del mismo modo existen otras organizaciones internacionales con sede en La Habana que también han recibido la entidad consultiva del Consejo, como la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL) y la Organización Continental Latinoamericana de Estudiantes (OCLAE).

Resulta de interés en el estudio de las características de la sociedad civil cubana el carácter legal en lo relacionado con la independencia en el funcionamiento de las ONG. El gobierno cubano no interfiere en modo alguno su funcionamiento; tampoco financia sus gastos administrativos, sólo apoya financieramente determinados proyectos que estas ejecutan en interés social y comunitario. Ellas también participan en la canalización y ejecución de una parte importante de la ayuda financiera que recibe el país como asistencia extranjera al desarrollo.

El citado Informe complementario de Cuba al 59 Período de Sesiones de la CDH, también precisa que: “El gobierno recibe de las organizaciones de la sociedad civil cubana apoyo, pero también opiniones, propuestas y críticas, que no siempre son favorables a los proyectos, medidas y acciones diseñadas y concebidas por las entidades gubernamentales.

“Sin embargo, esas organizaciones no necesitan recurrir a la confrontación para alcanzar sus objetivos; el gobierno en todos los niveles respeta sus amplias potestades como partícipes en la formulación y decisión de políticas y programas. Esto fue cierto incluso, en momentos y sobre asuntos tan complejos, como la adopción y aplicación de las medidas de reestructuración económica que el país se vio obligado a asumir para enfrentar el período especial en tiempo de paz a partir de 1990.

“La sociedad civil en Cuba existe como complemento y no en contraposición del Estado; este último institucionaliza y representa el poder de las amplias mayorías del pueblo cubano: de los obreros, campesinos e investigadores en los ámbitos de la educación, la salud, la ciencia y los servicios, entre otros.

“Esta relación de armonía no favorece los intereses de los Estados Unidos, que necesita, para lograr los objetivos de su política imperialista, promover la división y desintegración de la sociedad cubana.”

En nuestras condiciones y en sentido general, en las condiciones del socialismo, ‘’Sociedad civil’’ y ‘’estado’’ (entiéndase Estado socialista) no son per se conceptos, ni realidades en pugna.

De lo que se trata es de imbricar armónicamente estos elementos dentro del gran todo de la ‘’sociedad socialista’’, teniendo siempre en cuenta que ser una Organización no Gubernamental no significa ser ‘’anti gubernamental’’, ni tampoco apéndice pasivo de las instituciones gubernamentales como lo ha demostrado la práctica de nuestra Revolución. Al respecto, el compañero Armando Hart, planteó: “La sociedad civil es la vía que tiene el Estado para promover la democracia. Hay que garantizar que las formas de organización de nuestra sociedad civil sean de carácter socialista. (…) el centro, el motor de nuestra sociedad civil son, los sindicatos, las organizaciones sociales y de masas, y a partir de ahí todas las que se inscriban y que sean legalmente aceptadas. O sea, hablo de las Organizaciones No Gubernamentales”.

Un rasgo característico importante, propio de nuestro sistema político social, se aprecia en la interrelación de la sociedad civil y el Estado en cuanto a las instituciones armadas.

En Cuba, las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, como garantes de la seguridad y el orden legalmente constituido, y en su condición de pueblo uniformado y brazo armado de la clase obrera en el poder, expresan abiertamente su esencia política y clasista y junto a las amplias masas participan como sujetos activos en la construcción del socialismo, a diferencia de las fuerzas armadas de los países capitalistas donde se consideran instituciones apolíticas, como suelen llamarle enmascarando la verdadera esencia de ellas ya que resulta muy complejo eludir la influencia de los que gobiernan en su membresía.

En nuestro país, durante la etapa de la República neocolonial, -como ocurre en la actualidad en la mayoría de los países del mundo-, los militares no votaban y con ello, ante la ciudadanía, se mostraban como apolíticos. Sin embargo, el procedimiento de asignar a los militares el cuidado de las urnas para garantizar la imparcialidad en las elecciones, además de garantizar que se evitaran alteraciones del orden público, se convertía en un arma de doble filo, porque, cuando se quería alterar el resultado de una votación, se contaba con la fuerza pública para obtener ese propósito. Hoy, los militares son partes integrantes de la sociedad, el pueblo uniformado, el brazo armado de la clase obrera en el poder. El militar, en tanto ciudadano cubano, tiene derecho al voto, a elegir y ser elegido y ocupar cargos en los órganos del Poder Popular hasta las más altas instancias, desde delegado hasta diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, como se refrenda en la Ley No. 72 de 1992, Ley Electoral.

Del mismo modo, sus miembros tienen una fuerte y estimable presencia en las organizaciones sociales y de masas que componen nuestra sociedad civil, como los Comités de Defensa de la Revolución, la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, la Federación de Mujeres Cubanas, la Unión de Historiadores de Cuba, la Unión de Juristas de Cuba y otras.

A partir de un enfoque histórico concreto, objetivo y sobre la base de la realidad sociopolítica cubana actual, de las particularidades de la construcción del socialismo en el país y de la existencia de un enemigo interesado y empeñado en aniquilar la Revolución Cubana, cabe resaltar que, la concepción político partidista acerca de la sociedad civil cubana refleja los intereses de clase, así como nuestras aspiraciones y objetivos y se corresponde plenamente con nuestro sistema político social, que los puntos de vista no coincidentes entre la sociedad civil y el Estado cubano no generan una contradicción antagónica de entes que se oponen, por el contrario, favorecen el diálogo, el entendimiento mutuo y el trabajo conjunto en interés de un objetivo común. Del mismo modo, los grupúsculos contrarrevolucionarios pagados y servidos por el imperio, interesados en el regreso al capitalismo de este país, no forman parte de nuestra sociedad civil.

Tomado de Sociedad Civil Cubana

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